domingo, 2 de agosto de 2009

MANOS DE MUJER



Manos de mujer,manos negras o blancas,



manos que acarician la espera,



manos que acunan sueños,



manos que escriben cartas,



manos que componen poemas,



manos que lavan y tienden,



manos que limpian y planchan.



Manos que acarrean la compra,



manos que ponen la mesa,



manos que atienden llamadas,



manos que guisan y sirven,



manos que miman y abrazan.



Manos que cuidan las flores,



manos que cambian pañales,



manos que dan biberones,



manos que guian los primeros pasos,



manos que llevan niños al colegio,



y vuelven a buscarlos.



Manos que corrigen deberes,



manos que administran,



manos que cosen y tejen,



manos que ponen orden,



manos que reprenden.



Manos inquietas que modelan y reciclan,



manos creativas que bordan y pintan,



manos que embellecen la casa,



manos que decoran,



manos que curan heridas,



manos que ofrecen al mundo



lo mas grande que se puede ofrecer:



LA VIDA Manos que cuidan enfermos,



manos que atienden ancianos,



manos que no paran nunca,



MANOS DE MUJER...¡BENDITAS MANOS!



Manos que trabajando todo el dia



NUNCA reciben un salario.



¡Manos de mujer!....



¿que seria del hombre?....



¿que seria de los niños?....



¿que seria del mundo sin sus manos?

TE QUIERO


Tus manos son mi caricia

mis acordes cotidianos

te quiero porque tus manos

trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos mi amor

mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro

contra la mala jornada

te quiero por tu mirada

que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía

tu boca no se equivoca

te quiero porque tu boca

sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos mi amor

mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero

y tu paso vagabundo

y tu llanto por el mundo

porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola

ni cándida moraleja

y porque somos pareja

que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso

es decir que en mi país

la gente viva feliz

aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos.
Poemas de Mario Benedetti

MUJERES Y REVOLUCIÓN BOLIVARIANA



La Revolución Bolivariana tiene el gran mérito de ser la primera en el mundo en la cual las mujeres no postergan sus intereses sino que por el contrario ellas, incorporadas plenamente desde el inicio, dando forma y vida a la Revolución, luchan por el cambio, construyen un nuevo orden social que incluye sus reivindicaciones como mujeres.
No es casual que las mujeres venezolanas se hayan apropiado de este proceso revolucionario en todos sus espacios. El proceso le ha dado mucho a las mujeres venezolanas y ellas se han dedicado de la manera más hermosa y apasionada.
Nuestra Revolución Bolivariana, desde un primer momento, es esencialmente igualitaria y esto se expresa en nuestra Constitución. El primer paso que dimos todos y todas camino a la nueva visión ética que permita a la mujeres ocupar su lugar en la historia es nuestra Constitución Bolivariana desde donde se proclamó la igualdad entre hombres y mujeres.
Cuando tuvo lugar la Asamblea Nacional Constituyente fue presentado por el movimiento de mujeres un documento que se llamó Una visión de país con ojos de mujer, donde fueron recogidas firmas de más de cien mujeres; y este escrito, habiéndolo discutido en muchas partes del país, traía las propuestas de muchas mujeres que habían luchado por ellos desde el año 36 hasta ese momento; y podemos decir con mucho orgullo que todo lo que allí estaba planteado quedó dentro de la Constitución Bolivariana.
En ella las mujeres venezolanas están visibilizadas desde el principio hasta el fin a través del lenguaje no sexista como pocas constituciones en el mundo; allí se consagra el derecho de las mujeres a decidir el número de hijos e hijas que deseen tener pero lo más importante e incluso lo más revolucionario: es la única carta magna en el mundo entero donde se reconoce que el trabajo doméstico genera valor agregado y crea riqueza y bienestar social.
La mujer y el trabajo doméstico han sido considerados improductivos por siglos. El artículo 88 reconoce el aporte económico del ama de casa que según estudios se ha demostrado que ha llegado al 80 por ciento del valor que tiene el petróleo.
Este artículo pionero en el mundo es un aporte para nuestra América, para la humanidad. Esto es una nueva liberación, es la de la mujer, y cuando la mujer está liberada creará hombres y mujeres libres. Por eso es importante.
Por otra parte, la participación que tiene hoy la mujer en Venezuela no tiene precedentes en nuestro país. Tenemos cinco poderes públicos de los cuales 4 están dirigidos por mujeres: el Poder Legislativo dirigido por la Diputada Cilia Flores desde 2006, como presidenta de la Asamblea Nacional; el Poder Electoral, a través de la Dra. Tibisay Lucena , presidenta del Consejo Nacional Electoral, el Poder Moral, encabezado por la Fiscala de la República, Luisa Ortega y el Judicial, donde la Dra.
Luisa Estela Morales preside el Tribunal Supremo de Justicia. En la Asamblea Nacional tenemos la más alta participación de mujeres que hayamos tenido en la historia del país. Hoy en día 27 diputadas, de un total de 165 diputados/as, representan un 16,5%, superando significativamente el 10% tradicional de presencia femenina en este órgano legislativo. El Presidente Hugo Chávez convocó a las mujeres para integrar el partido socialista unido 50 por ciento hombres y 50 por ciento mujeres.
Pero lo más importante no son los altos cargos, a los que siempre hemos tenido derecho y se nos había negado, lo más importante es el papel que están jugando las mujeres en los consejos comunales, las misiones (donde su participación llega a más 60 %) y en todos los programas que el Gobierno impulsa: el papel que la mujer está llamada a jugar y está jugando en el ejercicio del Poder Comunal. El fenómeno de la participación de la mujer bolivariana en la Revolución ha logrado avances que fueron imposibles en revoluciones anteriores donde las mujeres se jugaron la vida junto a sus hermanos los hombres en la lucha pero al alcanzar el triunfo fueron excluidas de los honores y del ejercicio del poder.

Nuestra consigna permanente: Defendemos la Revolución como defendemos los derechos de las mujeres permite que no hayamos postergado nuestros derechos en tiempos revolucionarios lo cuál es inédito en el mundo, Ha permitido que participemos en la lucha pero que también en el triunfo, en el ejercicio del poder.
Una Revolución que dignifica a la mujer como ciudadana de iguales derechos y deberes, que reivindica al ama de casa reconociéndola trabajadora con derecho a la jubilación, que garantiza el derecho a decidir los hijos y las hijas que se quieran y puedan tener y mantener, que protege por igual la maternidad y la paternidad estableciendo claramente que las familias son responsabilidad de las parejas y no sólo de la mujer, una Revolución cuyo ente comicial establece la paridad y la alternabilidad, es decir el 50 y 50. Las mujeres hemos tomado la vanguardia. Somos la vanguardia en la Revolución Bolivariana y no es gratuito.
Hoy las mujeres venezolanas han tomado el espacio público, se han entregado apasionadamente a la construcción de un nuevo orden social pleno de derecho y de justicia como lo dice nuestra Constitución. Están liderando los Comités de Salud, las Mesas Técnicas de Agua, los Puntos de Encuentro, los Comités de Alimentación, las Mesas de Energía y los Consejos Comunales. Y es allí dónde está el camino de nuestra liberación.
Nuestra Constitución Bolivariana ha recogido a lo largo de su texto los principios de corresponsabilidad y cogobierno en la gestión pública resaltando la importancia de la participación popular en la formulación, ejecución y control de la gestión pública, lo cual había sido trabajado por diversos movimientos comunitarios.
A medida que la Revolución Bolivariana se profundiza, el Poder Comunal es ampliamente reconocido y hoy tenemos que uno de los 5 motores revolucionarios, para muchos, el más importante, es la explosión del Poder Comunal. Durante estos 9 años hemos avanzado en cuanto a formas de organización de este Poder Comunal. Estos mecanismos de organización y participación en las decisiones por parte del movimiento popular hoy en día institucionalizado a través del Poder Comunal democratizará los poderes públicos fundamentales en todos los niveles, nacional, regional y local. Eso nos conducirá al autogobierno, a una organización social autogestionaria, a la sociedad de iguales.
Y cuando el espacio principal de confrontación revolucionaria se extiende a la comunidad, cuando se pone la mirada en la comunidad, donde la mujer históricamente es la protagonista, las clases dominantes tienen un nuevo sujeto de confrontación, donde el líder no es ya como en el centro de trabajo nuestro compañero el varón, sino quien lidera es la mujer.
Este es uno de los elementos que da explicación al protagonismo desbordante de la mujer en la Revolución Bolivariana. Podemos afirmar entonces que: El Poder Comunal tiene como lidereza natural a las mujeres y mientras se profundice con ese poder, avanza la mujer.
NO SE PUEDE CONSTRUIR UN NUEVO ORDEN SOCIAL SIN EQUIDAD DE GÉNERO
Las mujeres construyendo el socialismo del siglo XXI:
CONCIENCIA DE GENERO, CONCIENCIA DE CLASE,

HEROINAS VENEZOLANAS


Urquia - Cacica esposa del Cacique Guaicaipuro. Urquía, la guerrera, la cacica, el prototipo de la mujer amazona, promovió la resistencia indígena junto a su esposo, el cacique Guaicaipuro. Contando 17 años aproximadamente Guaicaipuro conoció a Urquía y se prendó de sus ojos, vitalidad y fuerza. A los 20 años Guaicaipuro fue proclamado Cacique, jefe supremo de las tribus teques y caracas con soberanía sobre araguas, maracayes y cumanagotos. Una vez que asumió tan alta pocisión, los sumos sacerdotes seleccionaron las jóvenes mas hermosas de la tribu para que él escogiera la que sería su esposa, pero el cacique rechazó esta proposición porque él ya había escogido a una: Urquía. La princesa se casó con Guaicaipuro y trajo al mundo dos hijos en el pueblo de Suruapay, situado en las inmediaciones de San José de los Altos, en la vertiente de la quebrada Paracotos. El anuncio de la llegada de los españoles, con armas y con violencia, alteró el rumbo de la vida de todos los habitantes de la región. Guaicaipuro en calidad de jefe convocó a todas las comunidades de su circunscripción, quienes respondieron al llamado de inmediato. Entre las delegaciones llegaba Urquía, en un bello palanquín, cargado sobre los hombros de dos indígenas. "Ella no pudo resignarse a permanecer en el bohío de los teques sintiendo pasar las horas, cuando su compañero adorado andaba en fatigas y angustiado por la patria, por ella y por sus hijos". Desde entonces la princesa combatió junto a su pueblo, se mantuvo a la ofensiva, atacando al enemigo, incentivando la unión de las diferentes tribus y promoviendo la resistencia indígena. Después de la muerte del gran cacique a manos de los españoles en 1568, a Urquía le correspondió el honor de investir a su hijo Baruta como Cacique: "Sean estas tres plumas rojas el símbolo de la sangre de tu padre y de tu pueblo, que ha sido derramada por el invasor que viene a arrebatarnos nuestra tierra. Defiéndelas con honor".

Mercedes Fermin El 5 de mayo de 1945 es aprobada la reforma constitucional que otorga a las mujeres el voto para la elección de los concejos municipales. Producto de una lucha de nueve años, iniciada a la muerte de Gómez, la conquista es, sin embargo, incompleta, pues en 1944 un manifiesto suscrito por más de 11.000 mujeres había propuesto al Congreso la reforma del artículo 32 numeral 14, de modo “que la mujer venezolana pueda ejercer el derecho de sufragio en idénticas condiciones a como lo ejerza el hombre”. Ese importantísimo documento lo firmaban mujeres de relevantes méritos como: Anna Julia Rojas, Lucila Palacios, Cecilia Pimentel, Elisa Elvira Zuloaga, Ada Pérez Guevara, Josefina Juliac de Palacios, Irma De Sola Ricardo, Luz Machado de Arnao, Margot Silva Pérez, Antonia Palacios, Lola de Fuenmayor, Panchita Soublette Saluzzo, Mercedes Fermín, Fifa Soto de Liscano y Blanca Rosa López. La figuración política de la mujer después del año 36, había contado con nombres como los de Olga Luzardo, María Teresa Castillo, Carmen Clemente Travieso, Ana Luisa Llovera, Ana Mercedes Pérez y Eumelia Hernández. Esta última el 1º de noviembre de 1944 escribió acerca del “mitin femenino” en el Cine Apolo, en el cual hablaron Antonia Palacios, Luz Casado, Josefina Juliac, Auramarina Colmenares, Isabel Jiménez Arráiz, Ángela Doria y ella misma. La pelea no fue en vano, ya que en la Constituyente de 1946/1947 participan diez mujeres, entre ellas: Cecilia Núñez de Sucre, Lucila Palacios, Ana Luisa Llovera, Mercedes Fermín y Panchita Soublette.

Teresa Carreño: Nace en Caracas el 22.12.1853. Muere en Nueva YorK (Estados Unidos) el 12.6.1917. Concertista y compositora venezolana de fama mundial, considerada como la más grande pianista de su época. Hija de Manuel Antonio Carreño y de Clorinda García de Sena y Toro. Inició sus estudios de piano con su padre y los continuó con Julio Hohené. El 25 de noviembre de 1862 con apenas 9 años de edad, dio su primer concierto en el teatro Irving Hall de Nueva York. Asimismo, en esta importante ciudad norteamericana recibió lecciones del famoso pianista norteamericano de origen alemán Louis Moreau Gottschalk. Luego de pasar una temporada en La Habana (Cuba) y Estados Unidos donde tocó en la Casa Blanca para el presidente Abraham Lincoln, se radicó en París (1866). Allí tocó ante Pedro Roberto José Quidant, Gioacchino Rossini y Frank Liszt, quien propuso darle clases si se trasladaba a Roma, lo que no pudo llevar a cabo por razones económicas. Residenciada en París, inició su carrera de concertista que la llevó a visitar todos los países de Europa, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y África del Sur, ejecutando importantes piezas clásicas y románticas, acompañada de las más importantes orquestas dirigidas por eminentes maestros. En 1873 se casó con el violinista Emile Sauret, pero se divorció en 1875 para casarse al año siguiente, con el cantante de ópera Giovanni Tagliapetra. Posteriormente, con su segundo marido funda una empresa de conciertos, la Carreño-Donaldi Operatic Gem Company. A mediados de 1885, volvió a Venezuela luego de una ausencia de 25 años, al ser invitada por el presidente Joaquín Crespo a dar un concierto en Caracas. En 1886 durante el tercer período presidencial de Antonio Guzmán Blanco, conocido como la "Aclamación" (1886-1888), fue comisionada por el "Ilustre Americano" para organizar la siguiente temporada de ópera de Caracas. Sin embargo, en el desarrollo de esta comisión se presentó un problema cuando el elenco que contrató para tal efecto no tuviera la calidad requerida para la ocasión. Sumado a este fracaso, la sociedad caraqueña empezó a adoptar una actitud de rechazo hacia Teresa Carreño, por ser una mujer divorciada y vuelta a casar, lo que era para el momento un escándalo. Las circunstancias antes descritas, derivaron en el boicot de las óperas presentadas y por ende en el fracaso de la temporada de ópera en cuestión. De regreso a Europa luego de cumplirse la sentencia popular que reza que "nadie es profeta en su tierra", Teresa Carreño se desempeñó como solista de la Orquesta Filarmónica de Berlín. En esta ciudad, donde había fijado su residencia, ya divorciada de su segundo marido, conoce al pianista Eugêne D'Albert con quien se casó se casó el 27 de julio de 1892, divorciándose luego por tercera vez en 1895. Finalmente, en 1901, se casaría por cuarta y última vez con su cuñado, Arturo Tagliapetra. Al estallar la Primera Guerra Mundial, inició una gira por España, Cuba y Estados Unidos donde falleció, víctima de un agotamiento general debido a los largos años de excesivo trabajo. Entre sus obras como compositora figuran: Himno a Bolívar; Saludo a Caracas; el vals A Teresita, dedicado a su hija; el Cuarteto para cuerdas en si bemol y el Bal en revé opus 26. Sus cenizas fueron traídas a Venezuela en 1938 y desde el 9 de diciembre de 1977 reposan en el Panteón Nacional. En su honor, el principal complejo cultural de Caracas, inaugurado en 1983, lleva su nombre.


Ana Teresa Parra Sanojo: Parra Sanojo, Ana Teresa (Teresa de la Parra) nació en París el 5 de octubre de 1889. Muere en Madrid 23 de abril 1936. Escritora Venezolana. Biografía: Por razones circunstanciales nació en París el 5 de octubre de 1889, hija Rafael Parra Hernáiz y de Isabel Sanojo, esta tierna escritora venezolana cuyo verdadero nombre era el de Ana Teresa Parra Sanojo. Hacia 1902 cuando tiene trece años de edad la familia la trae a Venezuela y viven en la hacienda "Tazón", cerca de El Valle (Distrito Federal). Pero al morir su padre en 1906, Ana Teresa es llevada a España, donde cursa estudios en Valencia, en el colegio Sacré Coeur. En 1915, sale del colegio y viaja a París donde permanece algún tiempo antes de regresar a Caracas. Ya para esa fecha, ha escrito varios cuentos firmados con el seudónimo de «Fru-Fru». Luego regresa a Venezuela, y en su Caracas afectiva se nutre de los ingredientes que conformarán sus novelas. Con el seudónimo de Teresa de La Parra participa en un concurso de escritores americanos con la novela Ifigenia, en 1924. La obra causó tal sensación que obtuvo el primer premio y fue publicada por el Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa. Se ha dicho que Ifigenia es la propia Teresa de La Parra, expresivamente feminista, con muchos años de adelanto a la época que le toco vivir. Para 1926 se encuentra en París presidiendo un círculo literario. En 1927 viaja a Cuba para representar a Venezuela en la Conferencia Interamericana de Periodistas y diserta sobre «La influencia oculta de las mujeres en el Continente y en la vida de Bolívar»; pasa luego a Colombia, invitada por el gobierno de ese país y dicta una serie de conferencias que tienen por tema la «Importancia de la mujer durante la Colonia y la Independencia». En 1928 regresa a Europa y comienza a escribir su segunda novela Memorias de Mamá Blanca y retorna a Venezuela en 1929. Al poco tiempo, con la salud minada por la tuberculosis, va a Suiza a internarse en un sanatorio, donde reside, casi hasta su muerte. Otra de las novelas perdurables de Teresa de La Parra es Memorias de Mamá Blanca; publicada en 1929. De ella se han hecho tantas ediciones como de Ifigenia, y es de obligada lectura en nuestros días. Teresa de la Parra murió en Madrid el 23 de abril de 1936, cuando su genio prometía entregarnos tantas páginas gratas. Sus restos fueron trasladados a Caracas y reposan en el Panteón Nacional. Obras de Teresa de la Parra: Novelas: Ifigenia (1924) Las memorias de Mamá Blanca (1929). Cuentos: La flor del Loto (1921) Historia de la señorita Grano de Polvo Bailarina del sol, El genio del Pesacarta y el Ermitaño del reloj. Otros: Pero además sus correspondencias, entre ellas su Espitolario Intimo (1953) y sus Tres Conferencias Inéditas (1961) son reconocidas como obras literarias de gran valor.

Manuela Sáenz: Nace en Quito en 1797 Muere en Paita (Perú) el 23.11.1856. Amante de Simón Bolívar, fue reconocida por él mismo (25.9.1828) como "Libertadora del Libertador". Fueron sus padres Simón Sáenz Vergara, español, y María Joaquina Aizpuru, ecuatoriana. Su infancia transcurrió en Quito, donde rápidamente se hicieron sentir los ideales de los movimientos independentistas, organizándose grupos revolucionarios. En tal sentido, Manuela y su madre se identificaron con la gesta emancipadora; no así su padre quien permaneció fiel a la Corona española, por lo que fue hecho preso al estallar dicho movimiento, aunque posteriormente recuperó su libertad al ser sofocado en 1810. Debido a su apoyo al proceso de independencia americano, Manuelita fue internada en el convento de Santa Catalina donde aprendió a leer, escribir y rezar. Según una leyenda que circuló por mucho tiempo, siendo muy joven fue raptada del convento por un oficial de nombre Fausto D'Elhuyar; lo cual no obstante ha sido desmentido por la historiografía.
En 1817 contrajo matrimonio con Jaime Thorne, comerciante inglés, rico y mucho mayor que ella; trasladándose con él a vivir a Lima (Perú) entre 1819 y 1820. A pesar de ser éste un país donde el sentimiento independentista no se había manifestado, en poco tiempo el prestigio de Simón Bolívar y su triunfo en la liberación de la Nueva Granada (1819) le gana entusiasmados adeptos a su causa, entre ellos Manuela Sáenz, quien se convierte en miembro activo de la conspiración contra el virrey del Perú, José de la Serna e Hinojosa (1820); y que al declararse la independencia del Perú (1821) se confiesa admiradora de José de San Martín. Los servicios de Manuela a la causa de emancipación fueron reconocidos al otorgársele, en 1822, la condecoración llamada "Caballeresa del Sol", consistente en una banda blanca y encarnada con una pequeña borla de oro y una medalla cuya inscripción decía "Al patriotismo de las más sensibles".
Luego de separarse de su marido, en 1822 viaja a Quito acompañada de su padre para visitar a su madre; conociendo en este lugar a Bolívar, cuando éste hizo su entrada triunfal a dicha ciudad el 16 de junio de 1822. En Quito surge un estrecho vínculo afectivo entre Bolívar y Manuela, derivado de sus conversaciones y coincidencias acerca de la campaña libertadora. Ella no sólo concibe idealmente la independencia latinoamericana, sino que toma parte activa en la guerra: monta a caballo, maneja las armas, es capaz de sofocar un motín en la plaza de Quito. En 1823 Bolívar parte al Perú donde se le une semanas más tarde Manuelita, quien lo acompaña durante la campaña libertadora de dicha nación, permaneciendo en su cuartel general algunas veces, o en Lima y en Trujillo en otras ocasiones. De los momentos en que estuvieron alejados, se han conservado algunas de las cartas de amor que el Libertador le escribió expresándole cuanto la extrañaba, tal como la siguiente epístola del 20 de abril de 1825 en la que le dice: "Mi bella y buena Manuela: Cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación por ti; por que te debes reconciliar con quien no amabas; y yo porque debo separarme de quien idolatro¡¡¡ Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo".
Durante los primeros meses de 1825, hasta abril, y luego cuando Bolívar regresa del Alto Perú (Bolivia) a partir de febrero de 1826, reside con él en el palacio de la Magdalena, cerca de Lima. Cuando Bolívar sale del Perú en septiembre de 1826, Manuela permanece en Lima, donde persiste en la defensa del ideario bolivariano después de la reacción contra el Libertador en enero de 1827, por lo que es apresada por los adversarios de Bolívar y enviada al destierro (1827), dirigiéndose a Quito y luego a Bogotá, donde se establece en 1828. Al enterarse Bolívar de la situación de Manuelita, la llama a su lado y viven en la residencia que hoy es llamada Quinta de Bolívar. Para este tiempo se hacen manifiestas las intrigas contra la autoridad de Bolívar, que llevan a Pedro Carujo entre otros, el 25 de septiembre de 1828, a intentar asesinarlo, conspiración fallida gracias a la rapidez con que Manuela hizo huir a Bolívar por una ventana del Palacio de Gobierno; es a partir de este acontecimiento que se le llama Libertadora del Libertador, calificativo que le dio el propio Bolívar. En 1830, encontrándose en Guadas (Colombia) se entera de la muerte de Bolívar, por lo que se traslada de inmediato a Bogotá donde manifiesta públicamente de palabra y por la imprenta su adhesión a los ideales del Libertador. Perseguida por el gobierno que sucedió en abril de 1831 al general Rafael Urdaneta en Bogotá, finalmente es expulsada por considerársele conspiradora.
Encontrándose en Kingston (Jamaica), donde pasa un año, escribe al general Juan José Flores, entonces presidente del Ecuador, quien le envía un salvoconducto y así intenta regresar a su país; pero en Guaranda (Ecuador) en octubre de 1835, es informada que no puede entrar a Quito, pues sus credenciales no son válidas al perder Flores el poder. Asimismo, sus bienes fueron confiscados en Colombia. Ante estas circunstancias se instala en Paita, al norte del Perú, donde por necesidad económica abre un comercio relacionado con la producción de tabacos. En 1847 su marido es asesinado en Pativilca. Durante esta última etapa de su vida, fue visitada en el puerto de Paita por personajes tales como Herman Melville (autor de Moby Dick), Simón Rodríguez y Giuseppe Garibaldi (patriota italiano). En 1856, contrae difteria, enfermedad que acaba con su vida; su cadáver fue incinerado a fin de evitar contagio en la población, lo mismo que sus pertenencias, entre ellas gran parte de la correspondencia de Bolívar para ella, que guardaba celosamente. En agosto de 1988, fue localizado el lugar donde se encontraban los restos de Manuela Sáenz en el cementerio de aquella población. La identificación fue posible gracias a que se encontró la réplica de la cruz que siempre portaba la cual la identificaba como la compañera del Libertador.

Josefa Camejo [Josefa Venancia de la Encarnación Camejo] (1791-1862). Josefa Venancia de la Encarnación Camejo. Conocida como la figura heroica: Josefa Camejo. También como Doña Ignacia. Nació el día 13 ó 18 de mayo de 1791, en Curaidebo Estado Falcón. Hija de Miguel Camejo y Sebastiana Talavera y Garcés. Como muchas aguerridas mujeres venezolanas, Josefa Venancia de la Encarnación Camejo, mejor conocida como Josefa Camejo, pasa del anonimato a heroína gracias a su voluntad para defender la patria ante intentos de invasión. Debido en gran parte a la influencia de las ideas republicanas propias de la época las cuales hizo suyas. Hija única de una familia acomodada de la Colonia, era sobrina de Monseñor de Talavera y Garcés, a quien se reconoce como ferviente patriota. Fue educada en la religión católica, también propia de la época. Comenzando así su vida como estudiante en el colegio de las hermanas Salcedo en Coro; y que continuó en un convento de monjas de esa misma ciudad, completando su educación y dándose contacto con las ideas republicanas en la ciudad de Caracas. Para proseguir con sus estudios, Josefa Camejo en su estadía por la ciudad de Caracas, presenció los sucesos del 19 de abril de 1810. Contaba para aquel entonces con 19 años de edad. Presenciar este tipo de acontecimiento fue un aspecto determinante en el pensamiento de Josefa Camejo y su ideal libertario y aguerrido. Tomando la decisión de participar de las sesiones políticas la Sociedad Patriótica. Un año más tarde, volvió a Barinas, y allá reunió y encabezó a un grupo de mujeres las cuales el día 18 de octubre de 1811, enteradas de los intentos de invasión de los guayaneses por la vía de San Fernando, estuvieron prestas a defender la ciudad de Barinas, firmando un documento titulado: Representación que hace el Bello Sexo al Gobierno de Barinas. Con el espíritu de lucha y de valentía que caracteriza a las mujeres de valor nacionalista dieron frente y sin temor a los posibles intentos de guerra, aún a sabiendas de las consecuencias que ello implica, poniéndose a la orden y comprometiéndose a la defensa de la patria. Aún cuando en el documento reza con asombro que: "no se haya contado con ellas para proteger su seguridad ... ", en este aseguran que "el sexo femenino, Señor Gobernador, no teme los horrores de la guerra, antes bien, el estallido del cañón no hará más que alentar, su fuego encenderá el deseo de libertad, que sostendrá a toda costa en obsequio del suelo patrio ... ". Pero, y entendiendo la postura propia del macho, en particular para la época y especialmente ante una situación de guerra obtienen como respuesta de las autoridades lo siguiente: "dénsele al bello sexo las más expresivas gracias". Recuérdese que era aquella Venezuela del siglo XVIII donde las normas sociales y jurídicas excluían totalmente la posibilidad de que la mujer incursionara en las actividades consideradas masculinas; no obstante, Josefa Camejo y otras mujeres lucharon al lado de los hombres por la independencia de su país. El Gobernador de Barinas no ignora las cualidades de líder de Josefa Camejo, y es así como le encomienda dirigir la evaluación de la población. Para cumplir con este requerimiento, "Doña Ignacia" se dirige a San Carlos. Ese mismo año, cuando de la ciudad de Barinas viaja a la ciudad de Mérida, en 1811, conoce a quien se convertiría en su esposo el coronel y prócer Nepomuceno Briceño Méndez. Registran los hechos que a principios de 1813 a la ciudad de Barinas comienzan a asediarla tropas realistas. Asedio que comanda José Antonio Puey, tal situación lleva al Gobernador de Barinas, Manuel Antonio Pulido a tomar la decisión de trasladar la población hacia San Carlos (Edo. Cojedes), a esta movilización se une Josefa Camejo y su progenitora quien pierde la vida al ahogarse en el río Santo Domingo cuando intentaba cruzarlo. Este fue otro duro golpe para nuestra heroica mujer que parece haberle dado más voluntad y fuerza para seguir en la lucha. Una vez en San Carlos, se organiza la población barinés y se unen a las fuerzas de Rafael Urdaneta, acordando que los hombres protegieran a las mujeres durante el viaje hacia la Nueva Granda. Durante este éxodo, Josefa Camejo se dedicó a curar a los heridos. En 1814, con la pérdida de la segunda República Josefa huye, encontrándose en estado de gravidez, a Nueva Granada y allá continúa trabajando por la Independencia. Al llegar a Nueva Granada se unió a las familias republicanas, permaneciendo allí por espacio de cuatro años. Fue en Nueva Granada en donde nació su primogénito a quien bautizó Wenceslao. Polifacética e ingeniosa regresa a Venezuela a mediados de 1818 viajando, según algunos testimonios, disfrazada de vagabunda o pordiosera. Para 1821 provoca una rebelión de unos 300 esclavos del hato de su propiedad en Paraguaná, contra fuerzas realistas de Coro de la que, lamentablemente, salieron desfavorecidos. Sin embargo, esto no menguó en esta heroína, quien se trasladó a Baraived y allá derrotará al jefe realista Chepito González. En 1819 regresa clandestinamente, después de la Batalla de Boyacá, y se reincorpora a la lucha. En 1821 su tío Mariano Talavera y Garcés la llama a Maracaibo para recibir instrucciones del General Rafael Urdaneta, con el fin de dirigir la insurrección de Paraguaná, que se encontraba bajo control español. Una delación la obliga a adelantar la conspiración del 3 de marzo de 1821: conduce a caballo a cuarenta soldados, llevando la bandera de Francisco de Miranda hacia Pueblo Nuevo, donde increpa al Teniente Primera, quien duda acerca de la oportunidad del alzamiento, a lo que ella exclama: "Si usted no procede, procederé yo. ¡¡Viva Colombia¡¡", frase con la cual Josefa ha pasado a la historia. Logró que se le sumaran doscientos soldados más, avanzó hacia el Cabildo hasta que las autoridades españolas se rinden, unos huyen y otros se entregan. Ese mismo día, el 3 de mayo de 1821, el gobernador es puesto preso, y en su lugar se coloca a un civil republicano de nombre Mariano Arcaya. Josefa realiza en Pueblo Nuevo el pronunciamiento que gritaba a los cuatro vientos la independencia de Coro, lo que la cataloga a partir de ese momento como una admirable heroína. Una vez conformado el nuevo gobierno, a ningún hombre se le ocurrió compartir el poder con la valiente heroína. Josefa Camejo tuvo una hija, aparte de Wenceslao. Se dice que su muerte ocurrió entre los años 1862 y 1863, posiblemente en Ciudad Bolívar, en donde vivía su hija Teoriste. Sería un legado para el país tratar de ubicar su tumba, sin embargo, el 8 de marzo del año 2002, el presidente Hugo Chávez Frías realizó una ceremonia simbólica de la incorporación de los restos de ésta notable heroína al Panteón Nacional, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. La historia personal de Josefa Camejo es un claro ejemplo de la vida de muchas mujeres venezolanas, que con espíritu combatiente no titubeó al momento de prestar servicio para defender la patria aunque esto representara ir a una guerra. Fue mujer en toda la extensión de la palabra, hija única, sobrina, esposa y madre, e integralmente valiente, líder y guerrera. Y, al igual que ocurre con la historia de muchas mujeres que como ella no tuvo mérito ni gloria en su época, debido a la dominancia del género masculino que restó reconocimiento al esfuerzo hecho, por esta insigne luchadora y precursora de los derechos de la mujer. Más sin embargo actualmente el derecho y la reivindicación de la mujer en la historia, no sólo le ha merecido el reconocimiento póstumo, sino que ha servido para izar, enaltecer y elevar la participación, que sigue siendo entre ignota y pública de lo que la mujer venezolana y universal ha hecho siempre y seguirá haciendo movida por su sentido patrio y por su espíritu de lucha. fuente: http://www.historiaeducativa.org RESUMEN HISTÓRICO JOSEFA CAMEJO: Nació en Curaidebo, Pueblo Nuevo, Edo. Falcón-Venezuela. Heroína de la independencia y bravía defensora de la Provincia de Coro. Durante el éxodo que se da en 1813, de Barinas a San Carlos debido al asedio de las tropas realistas en la lucha de Idenpendencia, Josefa Camejo y su madre se unen a peregrinaje, lamentablemente muere la madre de Josefa al atravesar el Río Santo Domingo, Josefa se dedicó a curar a los heridos, y al llegar a Nueva Granada se une a las familias republicanas, permaneciendo allí por espacio de cuatro años. A mediados de 1818 decide regresar a Venezuela, viajando según algunos testimonios, disfrazada de vagabunda o pordiosera. En 1821, al frente de 300 esclavos que trabajaban en su hato de Paraguaná, propició una rebelión contra las fuerzas realistas de la Provincia de Coro; pero fueron derrotados; más tarde, el 3 de mayo junto a un grupo de 15 hombres se presentó en Baraived, lugar donde descansaba el jefe realista Chepito González, y lo enfrenta, derrotándolo. Posteriormente se dirige junto con varios patriotas a Pueblo Nuevo, donde es puesto preso el gobernador, nombrándose a un gobernador civil republicano: Mariano Arcaya. El mismo día Josefa Camejo leyó en Pueblo Nuevo el manifiesto que declaraba libre a la Provincia de Coro y en el que se juraba fidelidad a la República.

Isabel Fajardo. Isabel Fajardo, conocida como la Primera mujer Conquistadora del Valle de caracas, Cacica india de la raza Guaiquerí, nieta del Cacique Charaima, de su trato con el hidalgo español Francisco Fajardo, tuvo un hijo mestizo, al cual le dio el mismo nombre de su padre Francisco Fajardo, nacido en Palguarime, Isla de Margarita; fundador de la Villa del rosario, en el territorio ocupado por la ciudad de Caracas. Doña Isabel fue una de las mujeres más valientes que figuran en la historia de la conquista de Venezuela, muere envenenada por el Cacique Paisana, vengativo y lleno de odio en contra de su hijo Francisco Fajardo. ¡Investigando¡.

Petronila de Mata de Gómez. Nacida en Santa Ana del Norte el 28 de noviembre de 1794. Esposa del General Francisco Esteban Gómez, y procrearon varios hijos. Sufrió prisión en las fortalezas de Pampatar, Cumaná y La Guaira. Prisionera en el Castillo de Cumaná, dio a luz un niño, el cual en poco tiempo muere de hambre, pues su madre careció de leche para su crianza. Fallece en La Asunción el 5 de octubre de 1854. Fuente: http://www.elsoldemargarita.com.ve RESEÑA HISTÓRICA: Petronila Mata es hoy por hoy un personaje inmerso en la quimera de un recóndito pasado, porque ha sido descrito con pinceladas de leyenda y el color de la injusticia, no obstante de ser una digna mujer margariteña, cuyo testimonio de abnegación, sacrificio y heroicidad, sólo pueden ser juzgados por el dolor de una madre, que en aras de la libertad de su Patria, sufrió el dolor inefable de ver morir a su hijo recién nacido, y aún así no traicionar el juramento de lealtad dado al Libertador Simón Bolívar. El 28 de noviembre de 1794 nacen en el pintoresco caserío de Santa Ana del Norte, en la isla de Margarita, Petronila de la Concepción de Mata Romero, mejor conocida como Petronila Mata, quien usar%aacute; sus encantos de mujer bella y agraciada, para infiltrase en las tropas enemigas, y encubierta como una margariteña más de las mujeres pueblerinas que transitaban libremente por los polvorientos caminos de la isla, vigilaba, escuchaba y anotaba los movimientos de los españoles, cuya información hacía llegar a su esposo, el coronel Francisco Esteban Gómez, que a la postre lo convertirá en el héroe de la batalla de Matasiete, cuando el 31 de julio de 1817 derrotará al invencible ejército español de Pablo Morillo, y cuya fecha se conmemora como día de júbilo insular. Petronila Mata tenía 22 años de edad, ya casada con Francisco Esteban Gómez, cuando Simón Bolívar, proveniente de Haití, se hospedó en la casa de sus padres, ubicada frente a la iglesia de Santa Ana del Norte, donde el 6 de mayo de 1816 sería proclamado como Jefe Supremo del Ejército Libertador A partir de ese momento, la vida de Petronila y la de su esposo estarían entregadas a la Revolución Bolivariana. Así como Mata Hari obtenía información vital para asentar duros golpes a las tropas francesas, Petronila Mata se infiltraba en las tropas enemigas, logrando obtener datos claves para los golpes certeros que propiciaba el ejército de su marido a los españoles. En 1816 los españoles interceptan una nota con información referida al movimiento de tropas españolas, que ser6iacute;a entregada a una persona en Playa Moreno, donde capturan a Petronila Mata. El 19 de octubre es llevada al castillo San Carlos de Borromeo en Pampatar y de allí conducida al Cuartel de Cumaná donde estuvo diez meses para luego ser enviada al castillo de La Guaira. Para el momento en que fue detenida, Petronila Mata estaba embarazada. En prisión dió a luz un niño que padeció la falta de alimentos, por cuanto Petronila no lo podía amamantar, y sólo pescado salado y tortas de maíz, era lo que le arrojaban a la mazmorra. Fuente: Jorge Mier Hoffman. ¡Investigando.

Luisa Cáceres de Arismendi. Caraqueña nacida el 25 de septiembre de 1799. Mariano de Briceño la describe así: "Era su estatura menos que mediana; en su cuerpo competían lo acabado de sus formas con la sencilla gentileza de su porte…" Nació para incorporarse a la Historia de la Patria, y así en julio de 1814 forma parte de la Emancipación a Oriente. Luisa está entre los muchos caraqueños, los cuales huyen de las maldades de Monteverde y sus oficiales. Llegan a Cumaná; pero esta ciudad es tomada por Boves. Luisa y su familia logran huir a Margarita, donde son atendidos por el General Juan Bautista Arismendi, con quien en 1814, contrae matrimonio. En 1815 es encerrada en el castillo de Santa Rosa en La Asunción, donde da a luz una hija muerta. Trasladada a La Guaira es recluida en el Convento de la Concepción de Caracas. En 1816 es embarcada para Cádiz en el navío El Populo, apresado por un barco corsario es llevado a Las Azores. En Cádiz le asignan una pensión y le exigen que escriba a Arismendi para que desista de la rebelión; contesta con frases espontáneas: "soy incapaz de deshonrar a mi marido, su deber es servir a la Patria y libertarla". Logra fugarse el 3 de mayo de 1818, llega a Filadelfia. Dos meses más tarde está en Margarita y junto, con su esposo, sigue trabajando por la causa patriota. Muere en Caracas el 2 de junio de 1866. Sus restos reposan en el Panteón Nacional. Fuente: http://www.elsoldemargarita.com.ve RESEÑA AMPLIADA: El 25 de Septiembre de 1799 fue una fecha que marcaría un hito importante en la historia de Venezuela, pues ese día nació en Caracas Luisa Cáceres de Arismendi quien es la heroica hija adoptiva de Margarita y uno de los mejores ejemplos de la capacidad de la mujer venezolana a la hora de defender a la patria como a uno de sus hijos. Heroína patriota. Esposa de Juan Bautista Arismendi. Hija de Domingo Cáceres y de Carmen Díaz. Su padre, profesor de latín, se ocupó de enseñarle a leer y escribir, así como los principios y normas morales puestos a prueba durante los años de cautiverio y destierro de la joven patriota. 1814 fue un año adverso para la naciente República y también para la familia Cáceres; el 6 de marzo las tropas del realista Francisco Rosete asaltaron la guarnición de Ocumare y matan al padre de Luisa quien se encontraba allí por invitación de su amigo el comandante Juan José Toro. La Comandancia Militar, en Caracas, a cuyo frente se encontraba el coronel Juan Bautista Arismendi, organiza una expedición de jóvenes estudiantes y acude el día 14 en auxilio de los patriotas sitiados en Ocumare; entre los soldados de la expedición estaba Félix Cáceres, hermano mayor de Luisa. Las tropas de Arismendi son derrotadas y el hermano de Luisa es hecho prisionero y ejecutado el 16 de marzo. Las sucesivas derrotas y la ofensiva de José Tomás Boves obligan a las fuerzas patriotas a abandonar la plaza de Caracas; el 7 de julio de 1814 se emprende la retirada a oriente comandada por Simón Bolívar y José Félix Ribas; entre los emigrados marcha la familia Cáceres, durante la travesía mueren 4 tías de Luisa y sólo quedan ella, su madre y un hermano menor. Los emigrados pasan por Barcelona y se dirigen a Cumaná a donde llegan a fines de agosto, muchos de ellos consiguen pasar a Margarita donde Arismendi puede ofrecerles alguna seguridad. El coronel Arismendi busca a la familia Cáceres, a quienes había conocido y frecuentado por algún tiempo en Caracas en la Navidad de 1813, les proporciona vestido, alojamiento y demás recursos necesarios. El día 4 de Diciembre de 1814 Luisa Cáceres se casa con el coronel Juan Bautista Arismendi. Durante algunos meses viven en las afueras de La Asunción bajo el espionaje y la presión que las autoridades españolas mantienen sobre los simpatizantes de la causa patriota en la isla. En septiembre de 1815 se ordena apresar a Arismendi, éste escapa y se oculta con uno de sus hijos en las montañas de Copey; el día 24 de septiembre Luisa, quien se encontraba embarazada, es tomada como rehén para doblegar a su esposo y encerrada bajo la vigilancia en la casa de la familia Amnés, días después es trasladada a un calabozo de la fortaleza de Santa Rosa. Las acciones militares de Arismendi le permiten hacer prisioneros a varios jefes españoles entre ellos al comandante Cobión, de la fortaleza de Santa Rosa por lo cual el jefe realista Joaquín Urreiztieta propone a Arismendi canjear esos prisioneros por su esposa, tal ofrecimiento no es aceptado y el emisario recibe por respuesta: "Diga al jefe español que sin patria no quiero esposa". A partir de aquel momento empeoran las condiciones del cautiverio y se desvanece la posibilidad de libertad al fracasar los patriotas en un intento de asalto de la fortaleza. El 26 de enero de 1816, Luisa da a luz una niña que muere al nacer dadas las condiciones del parto y del calabozo en el cual se encuentra prisionera. Los brigadieres Juan Bautista Pardo y Salvador Moxó ordenan que se traslade a la detenida al fortín de Pampatar donde permanece algunos días, luego es trasladada a la prisión de La Guaira y posteriormente al convento de la Inmaculada Concepción en Caracas, donde ingresa como prisionera el 22 de marzo de 1816. Imposibilitada de regresar a Venezuela, Luisa llega a Cádiz el 17 de enero de 1817. Es presentada ante el capitán general de Andalucía, quien protesta por la arbitraria decisión de las autoridades españolas en América y le da la categoría de confinada, le asigna una pensión de 10 reales en vellón diarios y confía su protección al médico José María Morón y su esposa Concepción Pepet, luego que pagan una fianza y se comprometen a presentarla mensualmente ante el juez de alzada. Durante su permanencia en Cádiz, se negó a firmar un documento donde manifestaba su lealtad al Rey de España y renegaba de la filiación patriota de su marido a lo cual respondió que el deber de su esposo era servir a la patria y luchar por libertarla. El destierro transcurre sin noticias de su madre y su esposo. En marzo de 1818 el teniente Francisco Carabaño y el inglés Mr. Tottem se ofrecen para ayudarla a trasladarse a América; se hacen todos los preparativos pertinentes para la fuga y la joven promete que su esposo pagará todos los gastos al arribar a tierra margariteña. Se despide de la familia Morón y emprende viaje a bordo de una fragata de bandera norteamericana. El 3 de mayo de 1818 llega a Filadelfia donde conoce a la familia del general Lino Clemente, emigrados a Estados Unidos, quienes le brindan amistad y apoyo. El coronel Luís Rieux, comisionado por Arismendi, visita a Luisa y se encarga de su traslado a Margarita a donde llega el 26 de julio de 1818. Posteriormente, el 19 de septiembre de 1819, el Consejo de Indias dicta una resolución mediante la cual se le concedía absoluta libertad y facultad de fijar su residencia donde quisiera. Residió en Caracas hasta el día de su muerte en Caracas el 2 de junio de 1866. Sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional el 24 de agosto de 1876.

Eusebia González. Heroína margariteña nacida en la Villa del Norte y casada con Francisco Tovar, sufrió graves vejaciones de parte del ejército español radicado en la isla de Margarita, fue escoltada y azotada por las calles de la Villa para que los vecinos la vieran y les sirviese de escarmiento, pero los vecinos cerraron las ventanas de sus casas para no ver la afrenta. El gobierno decidió entonces otro castigo: "escoltada de un fuerte destacamento de tropas con su causa escrita en el pecho en un largo papel que le llegaba a la rodilla y con una mordaza con dos cuerdas a especie de riendas y que iba uno sujetándola por detrás como una bestia, fue paseada con mucha pausa alrededor de la plaza, y se concluyó este acto con ¡Viva el Rey y mueran los traidores¡.

Inés Arguelles Ulloa. En 1600, cuando era una niña, fue raptada por los indios quiriquires, vivió con uno de ellos y tuvo hijos. Es rescatada en 1617 y su hermano se encargó de matar a sus tres hijos para que no se descubriera que eran mestizos. ¡Investigando.

Eulalia Buroz de Chamberlain. Naciendo en una acaudalada familia, muy joven estuvo vinculada a la gesta de emancipación venezolana. Contando con apenas 14 años de edad, sus padres, Francisco Ramos y María Isabel Sánchez, se adhirieron al movimiento revolucionario de 1810. A comienzos de 1812 contrae matrimonio con el patriota Juan José Velásquez con quien tiene una hija. En ese mismo año, como consecuencia de la disolución de la Primera República su vida da un brusco giro. Su marido es perseguido por los realistas, por lo que debe abandonarla en Tacarigua de Mamporal. Allí es asediada por los realistas, por lo que se abre camino entre la espesura del bosque, huyendo hacia Río Chico, con su pequeña bebé de sólo 40 días de nacida, la cual muere en el tortuoso trayecto. Sintió desvanecer su vida ante tan duro golpe, pero sus ideales de libertad la ayudaron a sobreponerse y, tras unos meses, se dirige a Caracas con su padre. Aún no recibe noticias del paradero de su esposo. Su padre vuelve a Barlovento, pero es apresado y fusilado en la plaza mayor de Río Chico en 1814. Con este segundo y duro golpe, Eulalia Ramos, parece recobrar fuerzas en su empeño por su lucha libertaria. Luego de la pérdida de la Segunda República, en 1814, se marcha a Cartagena de Indias, Colombia, donde se refugia con unos familiares. Estando allí, entabla estrecha amistad con la familia Buroz, parientes del general Carlos Soublette. Entonces, en una interesante estrategia, se cambia el apellido y se hace pasar por miembro de dicha familia; de esta manera, al año siguiente regresa a Cumaná, en donde obtiene noticias de la muerte de su esposo. En 1816 conoce al oficial inglés coronel William Chamberlain, edecán del Libertador, con quien contrae matrimonio en 1817 y se radica en Barcelona (Venezuela). Ese mismo año, el coronel realista Juan Aldara dirige una misión armada hacia esa ciudad. Muchos republicanos y civiles en general se refugian en el edificio del Convento de San Francisco, que después se llamaría Casa Fuerte. Allí resistieron los patriotas durante 3 días. El 7 de abril irrumpieron los realistas contra la fortaleza, entonces, en un hecho insólito, el coronel Chamberlain, de pie y frente al coronel realista Aldara, le dice que están perdidos, acto seguido desenfunda su propia arma y se suicida. Desconcertada ante tal hecho, Eulalia se abre paso entre la multitud y al llegar a la salida del fuerte, un joven oficial realista le grita: "Viva España, mueran los patriotas y te salvo" a lo que Eulalia respondió: "Viva la patria y mueran los tiranos", sacando su pistola y disparando al oficila español, que caería muerto a sus pies. En medio del caos, la turba realista se abalanz&oaacute; sobre ella, mutilando su cuerpo y amarrándolo a la cola de un caballo, siendo arrastrado hasta morir.

Isabel de Ojeda. Isabel de Ojeda fue una guajira, natural de Coquivacoa, de la cual se enamoró el conquistador Alonso de Ojeda. Llega a casarse con él y lo salvó de la muerte en varias ocasiones. ¡Investigando.

Orocomay. Orocomay fue cacica de un palenque ubicado junto al río Unare, a la que obedecían 5.000 indios. Es ejemplo del poder que tuvieron las mujeres en épocas precolombinas. ¡Investigando.

Dominga Ortiz. Dominga Ortiz, esposa de José Antonio Páez, participó en las batallas a caballo y vestida de hombre, manipulaba armas y además se dedicaba a la atención de los heridos. ¡Investigando.

Juana Ramírez - La Avanzadora. Juana Ramírez nace a finales del siglo XVIII en Chaguaramal, estado Monagas, aunque algunas fuentes señalan el lugar de Chaguaramas, estado Guárico. Es hija del general patriota Andrés Rojas, hombre de confianza de Bolívar, y una esclava negra africana. Sin embargo, desde muy pequeña fue criada por doña Teresa Ramírez, de donde proviene su apellido. Influenciada por su padre, conoce poco a poco el arte de la guerra en pos de la causa libertadora. En 1813, la hipocresía y sarcasmo del cruel Monteverde les da fuerzas y bríos a Graciosa de Sifontes, María Antonia Ramírez, Dolores Betancurt y Marta Cumbale, que se ponen a las órdenes de Bermúdez, Piar y Monagas. Defienden Maturín y organizan un batallón con el nombre de "Batería de Mujeres", formadas por ellas y otras mujeres del pueblo. Colaboraban así en la atención de los heridos, trasladando armas y defendiendo y respaldando las acciones de los soldados patriotas, velaban por los niños y ancianos escondidos en su población, manteniendo a raya las insurgencias realistas. Era la primera en avanzar hacia el enemigo, de allí el apodo de la "la avanzadora". En una ocasión, en medio de una lluvia de balas, se acercó al cadaver de un general realista caído en combate, tomó su espada y la levantó, apuntando al cielo como gesto simbólico de libertad. Juana Ramírez sobrevivió a todos esos días turbulentos, se casó con un patriota y de él tuvo una hija llamada María, con quien logró contemplar una Venezuela libre del yugo español hasta sus últimos días.

María Jacinta Fernández. Hace poco se ha exhumado el que debe ser considerado hoy el primer documento, el más antiguo, es una carta, firmado por una mujer venezolana. Estampó en ella su nombre una mujer del pueblo, María Jacinta Fernández (septiembre 18, 1765). La escribió para denunciar ante el obispo don Diego Antonio Diez Madroñero (c1715-1769) el acoso sexual del cual padecía como consecuencia de las insinuaciones de un rico mantuano del San Mateo de aquellos días, don Juan Vicente Bolívar y Ponte (1726-1786), padre de Simón Bolívar, quien no había nacido aún, porque el señor Bolívar y Ponte era un soltero entonces. Esta misiva ha sido publicada por vez primera hace muy poco tiempo gracias al padre Alejandro Moreno Olmedo, gran estudioso de los avatares de la familia popular venezolana. La encontró en un expediente que guarda el Archivo Arzobispal de Caracas. Se puede leer en su Pastor celestial, rebaño terrenal, lobo infernal.

Josefa Galdler. Se enfrentó a un hombre, defendió sus bienes de manos masculinas, Josefa Galdler en sus tres folletos sucesivos, que se pueden considerar una unidad, "La opinión pública juzga a los hombres por sus propios hechos".


Argelia Mercedes Laya López. (1926-1997). Nace en Rio Chico Edo. Miranda; esta venezolana fue una madre ejemplar, guerrillera admirable, docente preocupada por su país, pero sobre todo una luchadora incansable por las ideas de igualdad y justicia social; defensora de los derechos de las mujeres desde la década de los 40, su accionar se hizo presente de manera perseverante, combatiendo en distintos frentes; coadyuvo en el establecimiento de principios y estrategias para una educación por la paz y la justicia; defendió el derecho de las jóvenes embarazadas a no ser excluidas del sistema educativo; en el área de los derechos sexuales y reproductivos, defendió el derecho de las mujeres a un embarazo seguro, a la maternidad y abogo también por el establecimiento y regulación de las guarderías para las madres y padres trabajadores. En lo que respecta a la organización de las mujeres, se le considera como una de las abanderadas, dentro de sus conquistas están: Co-fundadora y Secretaria de Organización de la Unión Nacional de Mujeres; Organizadora y Secretaria General de la Legión de "Mujeres Nacionalistas"; Vicepresidenta del I Congreso de Mujeres Venezolanas; Miembra de la Comisión de Cooperación con la Comisión Interamericana de Mujeres de la OEA, Capitulo Venezuela, Asesora del Instituto de Estudios Transculturales de la Mujer Negra y del Programa de Salud Integral de la Mujer, desde la Perspectiva de Género; en el aspecto social libró una tenaz lucha en contra de la feminización de la pobreza, la no discriminación y por el reconocimiento del valor del trabajo doméstico. Como educadora defendió el derecho de las mujeres a la participación cultural y a la capacitación; participó el la formación del Plan Nacional "Educando para la igualdad", donde se establecieron los principios y estrategias para una educación por la paz y la justicia, con fundamento en la erradicación de toda forma de discriminación por sexo,en el sistema y proceso educativo. La defensa que hizo del derecho de las jóvenes embarazadas a no ser excluídas del sistema de educación, creó un precedente histórico y puso en la palestra pública el derecho universal a la educación que tienen las jóvenes embarzadas y del que disfruten hoy las nuevas generaciones. En el área de la salud sexual y reproductiva, defendió el derecho de las mujeres a un embarao seguro, a fin de evitar muertes por las interrupciones clandestinas del embarazo. En el movimiento nacional de mujeres organizadas, Argelia tuvo una participación fundamental, convirtiéndose en abanderada y protagonista de las múltiples y exitosas conquistas por los derechos de la mujer. Entre 1946 y 1958, fue Co-fundadora y Secretaria de Organización de la "Unión Nacional de Mujeres", e igualmente participó en la oprganización del comité Femenino de la junta patriótica; de 1958 a 1968 fue Secretaria General de la Unión de Mujeres, y de la Legión de "Mujeres Nacionalistas". En la década del 60 fue Vicepresidenta del I congreso de Mujeres Venezolanas, en los 80, una de las promotoras de la creación de la Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales de Mujeres; integrante de la delegación del antiguo Congreso a la Conferencia de la ONU sobre Evaluación del Decenio de la Mujer (Nairobi-Kenya 1985), asimismo fue miembra de la comisión Femenina Asesora de la Presidencia de la República, de la Comisión de Cooperación con la Comisión Interamericana de Mujeres de la OEA, CapítuloVenezuela, Asesora del Instituto de Estudios Transculturales de la Mujer Negra y del Programa de Salud Integral de la Mujer desde la Perspectiva de Género que desarrollaba el antiguo Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, hoy Ministerio de Salud y Desarrollo Social. En el área laboral, Argelia lucho activamente por la defensa de las prestaciones sociales, los derechos de la mujer trabajadora. la protección del embarazo y la maternidad en el ámbito laboral, por el establecmiento y por la regulación de las guarderías para las madres y padres trabajadores, así como para lograr una normativa que protegiera la salud de los y las trabajadoras. En el campo social, fue una de las abanderadas en la lucha contra la feminización de la pobreza y por el reconocimiento del valor del trabajo doméstico. Dejó de existir el 27 de noviembre de 1997. (Fuente: Encuentro con las Heroínas de la Patria - 2da Edición - INAMUJER). Palabras de María León - Ministra de Estados para Asuntos de la Mujer: ..." Es innegable que Argelia Laya, cambió la vida de muchísimas de nosotras, porque nos puso a militar en el movimiento de mujeres y luego asumimos con ella una corriente muy poderosa que se manejaba en la juventud del Partido Comunista, a partir de la cual se admite como ejemplo a la revolución cubana y considera que por la vía de la lucha armada Venezuela podía alcanzar su propia revolución. Se hablaba incluso de un rechazo a la participación que habíamos tenido en las recientes elecciones, en la cual la burguesía y el imperialismo, se burló nuevamente de nosotros. No solamente se inscribe en esa corriente y la defiende sino que, como miembra del comité Central del PCV, se acoge a la tesis de que el pueblo se arme, de recobrar el tiempo y rectificar errores y nos convence que debímos participar y lo hicimos. Esa desición cambio nuestras vidas. Cuando nos fuimos a la montaña, Argelia era quien nos enviaba, en realidad la orden bajaba del partido, pero quien se ocupaba de entrenarnos, era ella. Incluso yo recibí clases de primeros auxilios con su hermana que es médica, creo que ahora está residenciada fuera del país...". (fuente: Homenaje a Argelia Laya, La Comandanta Jacinta - Ministerio del Poder Popular para Asuntos de la Mujer) Ir al principio de la página Ana Soto - Una cacica indómita convertida en heroína. Mujer indígena de intrépida bravura, nacida y criada en la cálida y seca tierra larense del norte de Barquisimeto, jefa de los gayones y de los camagos, forma parte de esa legión heroica, primera en combatir el dominio colonial español en Venezuela. Durante mucho tiempo la cacica vivió circunscrita a las cuatro paredes de la cocina del amo, con traje de servidumbre y cofia de cocinera y por la puerta de atrás le llegaban las noticias, "los negros están alzados", "se escaparon de tal parte", "los indios huyeron de las encomiendas", "hubo una revuelta en Coro"... Estos hechos avivaron en Ana Soto los sueños de libertad y un buen día escapó al monte y desde allí comenzó los ataques y combates contra los españoles. Ramón Querales, Cronista de Barquisimeto, dice en su libro La Comarca Mancillada que es "... caso singular el de Ana Soto, pues no es común en la historia de la lucha de la reconquista protaganizada por los indios venezolanos la participación de sus mujeres... Pero Ana soto, cacica con nombre cristiano, se mantuvo desde 1618 al frente de los indígenas perseguidos,humillados, robados y despojados de sus tierras en la jurisdición de Barquisimeto, El Tocuyo y Carora, pese a que eso, muchas veces, se convirtió en sacrificio de sus vidas y llegó a reunir más de 2.000 guerreros, con los cuales sostuvo victoriosa durante más de 50 años la bandera de la resistencia anticolonialista". Representa la estirpe valerosa de Guaicaipuro, Tamanaco, Terepaima, quienes en los tiempos iniciales de la invasión colonialista española, efectuaron, con fuerza y heroísmo, los más enconados combates contra la esclavitud y en defensa de sus territorios. Su nombre ha permanecido silenciado porque la historia la hacen los vencedores. Pero ella fue una heroína que ofrendó su vida por los ideales de libertad, raza y costumbres contra el blanco invasor. Su sacrificio en 1668 no liquidó las rebeldías indígenas en tierra larense y principalmente los gayones, de la estirpe de Ana soto, continuaron defendiendo los ideales de libertad y patria que con sus luchas les legara desde el siglo XVII la indómita cacica.

Ana Francisca Pérez de León. Nació en El Hatillo, el 2 de abril de 1737. Era hija del capitán Juan Francisco Pérez y de doña Josefa García. Estaba casada desde 1774 con Baltazar León, hijo de Juan Francisco de León, fundador de Panaquire. Durante muchos años la pareja practicó la filantropía en El Hatillo, donando tierra de su propiedad para que en ese sector se levantaran la iglesia, la plaza y las calles del pueblo. Después de morir su esposo, Ana Francisca se mudó a su hacienda de Tócome, ubicada en Petare, y allí continuó trabajando en pro de la comunidad, sirviéndose para ello de su cuantiosa fortuna, parte de la cual fue utilizada para socorrer a las víctimas del terremoto de 1812, y muy especialmente para levantar el Hopistal de Caridad. Ana Francisca Pérez de León respaldó a los patriotas durante la gesta libertadora dedicando toda su vida, su fuerza y su fortuna a sostener el centro sanitario petareño. En los días finales de su vida, redactó un testamento donde dejaba constancia de que los cuantiosos bienes queto davía ella poseía, incluyendo su casa de habitación, serían destinados única y eclusivamente al mantenimiento de ese centro de salud. Después que finaliza la guerra independentista, el hospital de Caridad de Petare fue bautizado con el nombre de Ana Francisca Pérez de León, en honor a su fundadora y benefactora. Debido a la utilización parcial de su nombre, se piensa en una figura masculina cuando se nombra a "Pérez de León". El tiempo y el silencio han contribuido a afianzar esta creencia, si que una aclaratoria oportuna le haga justicia a esta mujer, a al que Petare le debe su primer centro asistencial.

Ana María Campos. Hija de don Domingo Campos y doña Ana María Cubillán, Ana María Campos nace en Los Puertos de Altagracia, estado Zulia. Desde muy pequeña germinaron en su corazón las ideas de libertad y el amor por la independencia. La casa de Ana María Campos era el punto de referencia para los patriotas de la provincia de Maracaibo, el puerto de salvación y el asilo seguro para la conspiración, allí se reunían para organizar la resistencia y para buscar prosélitos de la libertad. Ana María Campos, en plena juventud, ofrece su ayuda a los patriotas y comienza a colaborar en la organización y a participar en las reuniones clandestinas, dejando oir su voz. Y fue en una de estas veladas secretas que dejó escapar de sus labios la frase inmortal que la llevó al martirio: "Si Morales no capitula, monda". Ana María Campos fue delatada, hecha prisionera y conducida ante el Gobernador de Maracaibo, capitán Francisco Tomás Morales, quien perseguía a los patriotas con saña. Frente a Morales la joven no se desanima, por el contrario, su ímpetu se eleva y en su propia cara le explicó las razones que la inducían a creer que, si no capitulaba estaba perdido. Morales, en un gesto de soberbia, y sintiendose humillado por aquella tierna jovencita,, ordena que sea vapuleada públicamente, montada en un asno y paseada desnuda por las calles de la ciudad, y así se hizo. Fue el africano Valentín Aguirre el encargado de descargar el látigo sobre la piel de la joven patriota. Ante el dolor, Ana María no claudicó en sus ideas, sino que a cada latigazo del verdugo sobre su cuerpo salía de sus labios sedientos y amargo la frase: "Si no capitula, monda", la cual repitió incansablemente. "Si no capitula, monda" ... "Si no capitula, monda"... Creyó Morales, como lo creen todos, que las ideas mueren con el látigo y con las torturas, que quebrantando el cuerpo las ideas expirarían. Pero lo que logró fue dar a la patria venezolana una heroína al poner a prueba una voluntad decidida por la causa de la libertad y de la justicia. Dicen las historiadoras y los historiadores que en un principio daba la impresión de que nadie se había dado cuenta del gesto heroíco de la muchacha patriota. Las madres desconocían la razón por la cual las obligaron a presenciar el espectáculo de una joven arrastrada al suplicio, ignorando la entereza de su gesto. Parecía que todo iba a quedar en silencio, que nadie sería capaz de recoger el nombre de Ana María Campos para incluirlo en la lista de los héroes y las heroínas de la libertad. Pero el pueblo zuliano atesoró la imagen de la muchacha torturada y humillada, para luego exhibirla como un ejemplo de fe y de decisión para las futuras generaciones. Ana María Campos está en el pedestal que el pueblo le construyó con su sangre generosa, irradiando como un faro a todas las mujeres y hombres que aman la libertad y la justicia, como símbolo de la lucha femenina.

Barbarita de la Torre. Nacio en Trujillo y como hija del coronel Vicente de la Torre y de doña Manuela Gutiérrez del Corral, Barbarita se levantó en un lugar donde se amaba a la patria entrañablemente y donde predominaban sentimientos libertarios que los miembros de aquella familia adoptaron como norma de vida. Por el año 1815 la población de Escuque fue azotada sin piedad por los realistas. Los hombres y mujeres de esa región, amantes de la libertad, con presteza empuñaron el fusil y la lanza en defensa de la patria. Al frente de aquellas fuerzas estaba el coronel Vicente de la Torre y su hija Barbarita combate con denuedo junto a él. El 7 de febrero, en un sitio denominado La Vega de Motatán, doña Manuela de la Torre, hermana del coronel, su esposa doña Manuela Gutiérrez del corral y tres de sus hijos, entre quienes se encontraba Barbarita, fueron hechas prisioneras. Vicente de la Torre se levantó en armas y logra liberarlas. Bárbara de la Torre combatió en el campo de batalla con tan terribles y feroces enemigos como eran los realistas. Esta singular heroína era una joven dotada de una gran hermosura. Valiente como su progenitor, llena de coraje, resolvió hacerle frente a la hostil situación que se presentaba y si amilanarse ante el poderoso adversario, combate con entereza por la libertad del suelo patrio. Cuando se lanzaba al combate, siempre llevaba levantado el estandarte de Santa Bárbara, como escudo protector. Entre combate y combate aprovechaba para arengar a fin de que hombres y mujeres se animaran a combatir por la emancipación. Y fogosa como era aquella insigne patriota, persuade a todos para que se mantengan firmes, despertando el fervor patriótico de aquellos hombres y mujeres que llenos de amor por su tierra estaban dispuestos a sacrificar su vida en aras de la libertad. Con su rebeldía y coraje logró que muchos se alistaran en las filas del ejército patriota por la confianza que ella les inspiraba. Un oscuro día de lluvia y de mucho frío, Barbarita de la Torre es apresada por los realistas y cuando su padre se entera y advierte el peligro que se ciñe sobre su hija, temiendo que pudiese ser víctima de ultrajes por parte de los soldados al mando del indio Reyes Vargas, inmediatamente se ofreció como rehén para obtener la libertad de la heroína. El Gobernador Francisco Farías aceptó gustoso el canje y ordenó que el coronel fuese decapitado. La hija, los miembros mas selectos de la sociedad de Escuque y todos sus habitantes hicieron todo lo posible para salvar al patriota, sin embargo nada pudieron lograr, en la plaza de la Chiquinquirá de Trujillo se levantó un patíbulo donde fue decapitado el coronel don Vicente de la Torre. Pasado el tiempo, Bárbara de la Torre celebró matrimonio con don Antonio Guillén, de cuya unión nacieron dos hijos: Luis Guillermo y Ramón Guillén de la Torre.

Belén Sanjuán. Belén Sanjuán Colina, la maestra, cuentista, poetiza, luchadora social, política, y forjadora; formadora de generaciones de niñas y niños, implantó en Venezuela, a través de las escuelas experimentales, en método pedagógico, que abarcaba todos los saberes, cuyo objetivo era desarrollar totalmente la personalidad de educandos y educandas, perpararlos para la vida, enseñarlos a aprender para que siguieran aprendiendo y formar en ellos un profundo sentimiento nacional. Nació y murió en Caracas (1916-2004). Estudió en la Escuela Normal de Mujeres y se graduó en 1935, y en 1936 participó en la fundación de la Federación Venezolana de Maestros. "De no haber coincidido mi ingreso a la Escuela Normal de Caracas con el surgimiento de la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, yo no hubiera podido reconocer dsde aquel instante histórico hasta el presente, la importancia de las luchas gremiales para beneficio de la docencia". Sus conocimientos teóricos-prácticos en el campo de la educación integral los obtuvo en las escuelas Experimental José Gervasio Artigas (Catia) y Experimental Venezuela (Los Caobos), bajo la conducción de Sabás Olaizola, integrante de la misión Uruguaya, la cual vino al país contratada por el presidente López Contreras para desarrollar "escuelas experimentales", como modelo para la modernización del sistema educativo nacional. Para enriquecer su experiencia, profundizó en el pensamiento de Simón Rodríguez, y acompaño al maestro Luis Beltrán Prieo Figueroa, y al defensor de la educación rural en Venezuela, Luis Padrino, en los movimientos de renocavión educativa que ambos protagonizaron. "En la Escuela Federal Bolívar, situada en la esquina de la ciudada de Caracas, realicé mi primera experiencia de gobierno escolar". Luego de participar en la organización de varias escuelas de ese tipo en Caracas, asumió la dirección del Jardín de Infancia Experimental de San Cristóbal, estado Táchira, que después ella misma transformó en la Escuela Experimental Bolívar, que abarcaba los seis grados de primaria, en respuesta a la gran cantidad de niños sin escolaridad que existía en ese momento en la región. Una vez que el proyecto de San Cristóbal se consolidó, Belén Sanjuán fue transferida a Caracas, por instrucciones del ministro de Educación, Rafael Vegas, para fundar y dirigir la Escuela Experimental América, la cual marcó una pauta de organización educativa, que después de varios años de funcionamiento fue clausurada por la dictadura pérezjimenista. El abrupto final de esta rica experiencia no amilanó a esa indoblegable mujer. Por el contrario, al poco tiempo instauró una escuela privada, en compañía de Amalia Romero, para poder preservar el método innovador que ella había implantado con las Escuelas Experimentales. Gracias a la ayuda económica de familiares y amigos, en 1955 fundó el Instituto de Educación Integral, que se convirtió en un laboratorio pedagógico donde Sanjuán amalgamó los primcipios de Simón Rodríguez, dando orígen a una experiencia de educación integral venezolana y venezolanista. "No me conformé con soñar con la educación integral, sino que dediqué mi vida profesional a construirla y reconstruirla. Ahora, a mis 80 años y pico, veo mi sueño hecho realidad en las Escuelas Bolivarianas". Belén Sanjuán dejó mucho material escrito, sin embargo nunca llegó a escribir un libro, "porqué mis alumnos son las mejores páginas que he escrito".

Concepción Mariño. La "Magnánima Señora". Concepción Mariño nació en el Valle del Espíritu Santo, en el estado Nueva Esparta en 1790. Fueron sus padres el capitán de Milicias Santiago Mariño de Acuña (español), y Atanasia Claridge Fitzgerald de Coolmen (irlandesa), quienes se conocieron en la isla de Margarita y contrajeron matrimonio en 1787. De esa unión nacieron Santiago y Concepción. La familia Mariño-Claridge tenía una buena posición económica y poseía propiedades tanto en Trinidad como en la región oriental del país y en el Delta Amacuro. La Señorita Mariño fue educada en los mejores colegios de la isla de Trinidad, lo cual le permitió distinguirse por sus méritos personales y cultura. Siempre estuvo inmersa en un ambiente abiertamente opositor a las tiranías y autocracias, lo cual hizo que en ella germinara el amor por la libertad. Una vez culminados sus estudios, regresó a Venezuela y contrajo matrimonio con José María Senda; se estableció en la zona oriental de Paria y trajo al mundo cinco hijos. Esta patriota tenaz, de gran temple, recibió el título de "Magnánima Señora", no sólo porque puso su fortuna a disposición de la causa revolucionaria, sino por su fidelidad y piedad hacia los desposeídos y su firmeza y lealtad hacia la causa revolucionaria. Luego de la pérdida de la Primera República en 1812, ella lo arriesgó todo para apoyar a los republicanos que estaban en el exilío; su hacienda de Chacachacare se convirtió en sitio de reuni6oacute;n y, por su compromiso a favor de la causa, introdujo armas de contrabando desde Trinidad. Las autoridades inglesas la descubren y respetan, pero enjuician a su hermano Santiago, bajo ley marcial y le decomisan sus bienes. El 11 de Enero ed 1813, en sus propiedades se firmó el acta de Chacachacare, que marcó el inicio de la Campaña Libertadora de Oriente, comandada por el coronel Santiago Mariño. En sus propiedades se reunieron 44 patriotas que constituyeron la junta que planificó la ofensiva contra el general Domingo de Monteverde. Este documento la menciona como La "Magnánima Señora". Desde entonces y durante todo el tiempo que duró la guerra de Independencia, Concepción Mariño se mantiene firme. En 1821, con buques de su propiedad, condujo desde Jamaica armas para el ejército Libertador cuyo jefe de Estado Mayor era su hermano Santiago Mariño. Concepción Mariño falleció a los 64 años en el estado Sucre.

Cecilia Mújica."Mártir de la Libertad". Cecilia Mújica fue una de las más audaces propangandistas de las ideas emancipadoras. Siendo una adolescente fue condenada a muerte, sus postreras palabras fueron para su novio: "No tuve la fortuna de ser tu esposa pero si la gloria de inmolarme por la libertad". Cecilia Mújica pertenecía a una familia de abolengo que frecuentaba los salones de San Felipe El Fuerte, del brazo de su padre, don Martín de Mújica, un caballero de conducta recta y realista por convicción. La niña fue prometida en matrimonio a Henrique de Villalonga, joven de estirpe española, cuya boda sería el acontecimiento más importante del círculo social al que pertenecían los futuros contrayentes. Henrique y Cecilia eran patriotas, pertenecían al Comité Revolucionario. Ellos eran dos de los más audaces promotores de las ideas emancipadoras: él distribuía clandestinamente boletines encendidos con el fervor de la libertad y ella confeccionaba distintivos y cintas tricolores para el pecho de los voluntarios, pero además Cecilia componía canciones patrióticas, y, como sabía pulsar la lira, las ofrecía como regalo a sus oyentes de las tertulias de San Felipe. Durante el terremoto de 1812, muere don Martín de Mújica y Cecilia queda huérfana. Su desolación y su pena eran infinitas, pero en su corazón ardía el amor por la patria libre que le daba aliento para seguir viviendo. Como respuesta al decreto de guerra a muerte que emitió el Libertador en 1813, don josé mollet, teniente gobernador de la Villa, hizo levantar un patíbulo, donde le arrebató la vida a muchos de los patriotas de la región, acusándolos del delito de profesar la fe en los libertadores. Cecilia Mújica hace caso omiso de las disposiciones del gobernador José Mollet y, aun a costa de su propia vida, sigue impertérrita en la elaboración y distribución de propaganda en pro de la libertad, secundada en dichas tareas por su prometido. Descubierto por los hombres del gobernador, Henrique de Villalonga fue capturado y encarcelado, y Cecilia Mújica, custodiada por los soldados de la orden de cazadores, fue llevada al tenebroso sitio de los "zunzunes", en el camino de Cocorote (estado Yaracuy), y en la quebrada de seballo, sentenciada a muerte de antemano, con los ojos vendados y montada en un potro, fue conducida al sitio destinado para la ejecución. En el grueso tronco de un árbol zunzún fue fusilada. Cuenta la tradición que antes de ser ejecutada entregó a un soldado de nombre Ambrosio Trejo una trenza de sus cabellos y su anillo de compromiso matrimonial y le pidió que los llevase a Henrique de Villalonga para que los conservara "como el último recuerdo de la mujer que no tuvo la fortuna de ser su esposa pero sí la gloria de inmolarse por la libertad de nuestra patria".

Eumelia Hernández. Eumelia Hernández, una obrera del calzado, fue la primera mujer sindicalista que ingresó a la directiva del comité Ejecutivo de la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV). Eumelia Hernández nació en 1914 pero, según sus propias palabras, fue en el año 36 cuando vino al mundo, precisamente después de la muerte del dictador Juan vicente Gómez. "Todo lo mío parte de 1936 - aseguraba Eumelia - antes del 36 era una mujer joven, alegre, distraída, bailadora, que no sabía (...) nada de la lucha de clases (...)". Al hablar ella siempre intercalaba entre una y otra oración, la frase: "no chica que va¡", expresión típica del lenguaje coloquial venezolano. En el año 36 Eumelia Hernández se incorporó al movimiento femenino venezolano y comenzó a luchar por los derechos de las mujeres desde la Asociación Cultural Femenina. Simultáneamente inició la batalla por los derechos de los trabajadores en general, desde el seno del partido Republicano Progresista, que dio origen al partido Comunista de Venezuela, y jugó un papel importante en la educación clasista, en la organización gremial de la incipiente clase obrera y en la creción de organizaciones sindicales. En 1937 encabeza la gran manifestación que va "desde la Plaza Bolívar a Miraflores", convocada por los sectores democráticos, con la finalidad de frenar el alza desmedida de los alquileres que vivió el país en ese momento. El 8 de Marzo de 1944 participa como organizadora y oradora en la primera conmemoración del Día Internacional de la Mujer que se realizó en el país, y que se llevó a cabo en el Teatro Municipal de Caracas. En 1945 estuvo presente en Acto de solidaridad con china, unos de los primneros actos de solidaridad con un país extranjero que se realiza en Venezuela después de la muerte de Goméz, efectuado en el Nuevo Circo de Caracas, bajo la organización de las mujeres anti-fascistas. Entre 1952 y 1958 Eumelia Hernández vivió la represión, los allanamientos, la cárcel y las torturas que caracterizaron al régimen dictatorial el General Marcos Pérez Jiménez; fue perseguida, apresada y recluída en la cárcel de Mujeres de los Teques, donde permaneció hasta el 28 de diciembre de 1957. A partir de entonces hasta el día de su muerte, el 17 de septiembre de 1990, Eumelia Hernández se mantuvo en pie de lucha, impulsando la creación de distintas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de mujeres, incentivando la incorporación de la mujer a las luchas de la clase obrera, combatiendo al imperialismo en todas sus manifestaciones y propiciando movimientos de solidaridad con los excluidos del mundo. (fuente: Encuentro con las Heroínas de la Patria - 2da Edición - INAMUJER) Ir al principio de la página

SI DIOS FUERA MUJER


¿Y si Dios fuera mujer?

pregunta Juan sin inmutarse,

vaya, vaya si Dios fuera mujer

es posible que agnósticos y ateos

no dijéramos no con la cabeza

y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez

para besar sus pies no de bronce,

su pubis no de piedra,

sus pechos no de mármol,

sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos

para arrancarla de su lontananza

y no habría que jurar hasta

que la muerte nos separe

ya que sería inmortal por antonomasia

y en vez de transmitirnos SIDA o pánico

nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría lejana

en el reino de los cielos,

sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,

con sus brazos no cerrados,

su rosa no de plástico y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío si hasta siempre

y desde siempre fueras una mujer

qué lindo escándalo sería

qué venturosa, espléndida, imposible, prodigiosa blasfemia.
Poema de Mario Benedetti

REPRODUCCION BIOLOGICA Y MATERNIDAD

Al hablar de las actividades que la mujer realiza en el seno de la familia, suele confundirse, sistemáticamente, la reproducción estrictamente biológica con la reproducción privada de la fuerza de trabajo. Dicha confusión sirve de base para cimentar toda una serie de teorías, mediante las cuales se justifican la división del trabajo entre el hombre y la mujer y la propia opresión de la mujer.Nadie puede negar el hecho de que la reproducción biológica ha ejercido su influencia a la hora de realizarse la división natural del trabajo entre los sexos en las comunidades primitivas. La mujer difícilmente podía ir a cazar en los períodos de embarazo y era lógico, por tanto, que se quedara en los asentamientos mientras el hombre se ausentaba por largas temporadas. El escaso desarrollo de las fuerzas productivas exigía esta división natural del trabajo entre los sexos; sin embargo, en modo alguno esto supuso la discriminación de la mujer, ni su alejamiento de las tareas productivas o de los trabajos pesados. En las primitivas gens, las mujeres fueron las primeras en dedicarse a la agricultura ya otra serie de tareas de vital importancia para la supervivencia de toda la comunidad. Incluso, en las mismas sociedades clasistas, sólo las mujeres de las clases explotadoras fueron reducidas a la ociosidad o al trabajo doméstico; ni las esclavas, ni las siervas o campesinas del feudalismo, estuvieron apartadas de los trabajos productivos; todas ellas eran capaces de parir, de realizar los trabajos domésticos y de participar en los trabajos agrícolas o artesanales. Bajo el capitalismo, con la incorporación de la mujer a la producción social, las trabajadoras vuelven a combinar estas tres facetas de su actividad, sin que nadie se acuerde de su inferioridad o debilidad ni de su incapacidad para realizar ciertas tareas. Sin embargo, el capitalismo ha sido capaz de extender, al mismo tiempo, entre las clases desposeídas y bajo la figura del ama de casa, el papel de la mujer como esclava del hogar para quien la producción social está vedada.La reproducción biológica incide en la actividad económica de la mujer, dependiendo de las costumbres y, sobre todo, del desarrollo de la sociedad. Esta incidencia puede ser mucha o nula, pero, en cualquier caso, nunca justifica la opresión de la mujer ni su alejamiento de la esfera de la producción social. Por otra parte, dado el actual desarrollo de las fuerzas productivas, la mecanización del trabajo y la posibilidad de que la sociedad absorba las tareas domésticas, ya no existe razón alguna que justifique la división del trabajo entre los sexos; de ahí que su abolición sea una necesidad perentoria a la que no se opone, bajo ningún concepto, la función biológica de la mujer.La misma confusión que existe a la hora de analizar la relación factor biológico-opresión de la mujer, nos la encontramos también a la hora de relacionar el papel biológico que la mujer cumple en la reproducción con toda una serie de tareas relacionadas con la crianza y educación de los hijos. Con mucha frecuencia, ambos aspectos se confunden, hasta el punto de convertirlos en una misma cosa. Dicha confusión es necesaria para justificar que el hombre se haya desentendido totalmente de su responsabilidad respecto a los hijos y que la tarea de su educación y cuidado haya recaído totalmente sobre la mujer. Así, nos encontramos ante una situación en que hombres y mujeres aceptan, como cosa lógica y justa, el hecho de que los hijos sean asunto de exclusiva incumbencia femenina, ya que las mujeres son las que los paren.Esta situación se ha mantenido prácticamente invariable a lo largo de los siglos. Los hombres sólo han incidido a la hora de tomar las decisiones -pues así lo impone el derecho paterno-, lo que ha generado una concepción, plenamente vigente en nuestros días, según la cual, la maternidad no se circunscribe meramente al hecho de la gestación y la lactancia, sino que abarca la relación madre-hijo a lo largo de la existencia de ambos; relación que se ha convertido, para la mayoría de las mujeres, en el verdadero sentido de su existencia.La mujer se convierte así, ante todo, en una madre sumisa, abnegada, sacrificada y dedicada íntegramente a los hijos y al hogar. Desde pequeñas, por todos los medios posibles, se inculca a las niñas que su único objetivo en la vida es casarse para ser ejemplares madres de familia; a su vez, esas futuras madres serán las encargadas de transmitir tal concepción a sus hijas; y, así, de generación en generación.La mujer, por norma general, educa a sus hijos en las mismas concepciones y con las mismas ideas en que ella ha sido educada, transmitiéndoles todos los valores morales, los prejuicios y las lacras, en definitiva, toda la ideología conservadora que ella ha recibido. Este aspecto de la maternidad es sumamente importante para las clases dominantes, ya que les supone una garantía para la transmisión de su ideología a través de la familia y, más en concreto, a través de la figura de la madre.La maternidad, así concebida, es reaccionaria y alienante para la mujer y para los propios hijos, pues las relaciones que se establecen entre ellos son egoístas y anuladoras; la madre depende por completo del hijo y, para que su vida pueda tener un sentido, necesita inculcarle un sentimiento de dependencia respecto a ella para aparecer ante él como imprescindible. De esta manera, en lugar de formar personas independientes, con iniciativa y espíritu creador, se educa a los hijos con una serie de debilidades y lacras de los que les va a ser muy difícil desprenderse y que, en cierta medida, transmitirán también a sus futuros hijos. A las mujeres se las mantiene en un estado de sumisión y dependencia ideológica muy favorable para la burguesía. Condicionadas por una represión tan refinada, se convierten en las educadoras que la burguesía necesita. No es solamente la madre quien educa al hijo como la sociedad quiere, es además la sociedad quien, por medio del hijo, educa a la madre según sus deseos. El hijo es un medio de presión destinado a encerrar a la madre en su papel de madre. Esto no quiere decir que el hijo oprima deliberadamente a la madre, él es más bien el sostén de toda clase de sueños, de deseos, de mitos que someten a la mujer a su ‘vocación de mártir’; el hijo es la continuación de la estirpe, el tributo que ella debe a su marido, la esperanza de un éxito que ella no conoce. Ella ayuda a aceptar las mezquindades y bajezas de una existencia que se detiene en el umbral de la casa, él es el sentido de su vida. Pero esta subordinación al hijo se duplica en compensaciones. Según la ideología burguesa, los deberes sagrados de la madre le dan derechos morales; todo sucede con una lógica comercial: dando, dando, dando. Sin saberlo, ella hace pagar muy caras las noches pasadas a la cabecera del hijo enfermo, pues tiene necesidad de que él no sea nada sin ella. Por eso, lo mutila, lo paraliza, lo asfixia. Para que pueda saciarse su deseo de brindarse, ella crea en el hijo una necesidad duplicada de ternura. Se autoriza a sí misma a limitar la vida de su hijo a su único amor, a su sola presencia.Esta forma de entender y practicar la maternidad, entra en contradicción con los intereses de la mujer e impide su incorporación activa a todos los órdenes de la sociedad. Cuando la mujer se ve obligada a incorporarse al trabajo, éste termina siendo una carga que se suma a la realización de las tareas domésticas. De ahí que, bajo el capitalismo, la mujer nunca puede ejercer libremente su maternidad; por el contrario, se ve abocada a ella dependiendo del grado de desarrollo de la sociedad en que vive.Así, por ejemplo, en las sociedades capitalistas desarrolladas, con una creciente incorporación de la mujer al trabajo social, ésta se ve obligada a reducir el número de hijos; hasta tal punto se da este fenómeno, que las tasas de crecimiento de la población de estos países suelen ser casi nulas, lo que llega a convertirse en un grave problema para el propio desarrollo de tales sociedades. Por lo demás, esta situación es lógica. La mujer se ve obligada a incorporarse a la producción para contribuir con su trabajo al sustento de la familia y mantenerla así acorde al nivel de vida propio de las sociedades desarrolladas; fruto de esta incorporación, la mujer alcanza una independencia económica y adquiere la posibilidad de abandonar los estrechos marcos del hogar y realizar otro tipo de actividades; esto hace que ya no se conforme con seguir siendo la «reina» del hogar. Al mismo tiempo, la sociedad, al no absorber las tareas domésticas, no le deja otra opción que la de reducir al máximo las responsabilidades que aún la atan en el hogar y, por tanto, renunciar a la posibilidad de tener hijos.En las sociedades subdesarrolladas sucede el fenómeno contrario. El bajo desarrollo de las fuerzas productivas, la sobreexplotación, la miseria y las condiciones infrahumanas en que viven los pueblos, provocan un envejecimiento prematuro de la población, una alta tasa de mortalidad -sobre todo, entre la población infantil- y, en consecuencia, una necesidad de renovar constantemente el desgaste de la población. Ante esto, las mujeres se ven obligadas a tener numerosos hijos para paliar, en parte, el peligro de extinción de la población. Domitila Barrios, dirigente revolucionaria boliviana, señala a este respecto: El control de la natalidad no se puede aplicar en mi país. Ya somos tan poquitos los bolivianos que, limitando todavía más la natalidad, Bolivia se va a quedar sin gente y, entonces, las riquezas de nuestro país se van a quedar como regalo para los que nos quieren controlar completamente.Bajo el yugo imperialista, la maternidad está hasta tal punto condicionada que, en ocasiones, tener muchos hijos es una forma de combatir los planes de exterminio de muchos de los pueblos sojuzgados. En Puerto Rico, por ejemplo, en sólo 10 años, el imperialismo ha esterilizado al 80 por ciento de las mujeres en edad de procrear; es decir, casi a la totalidad de las mujeres fértiles. El régimen racista de Sudáfrica está estudiando la puesta en marcha de un plan para la esterilización masiva de las mujeres negras; al tiempo, a las mujeres blancas se les niega la utilización de anticonceptivos para fomentar el aumento de la población blanca. En Brasil, México y otros países latinoamericanos, se han llevado a cabo campañas masivas de esterilizaciones en determinadas zonas populares. En Bangladesh, los médicos y todo el personal sanitario reciben incentivos económicos por cada esterilización practicada y, si no consiguen cubrir al menos un 70 por ciento de la cuota mensual estipulada, son despedidos de sus trabajos.A la luz de estos datos -y otros muchos que se podrían aportar-, podemos concluir que el ejercicio de la maternidad libre y voluntaria es un espejismo, tanto para las mujeres de los países desarrollados, que se ven obligadas a renunciar al ejercicio de la maternidad, como para las de los países subdesarrollados, ya que una mujer cargada de hijos jamás podrá emanciparse, menos aún en las condiciones del sistema de explotación capitalista, al recaer sobre ella todas las tareas relacionadas con la familia.De este modo, lo que debiera ser una cuestión social de importancia al estar relacionada con el desarrollo de la humanidad y que, como tal, debiera corresponder a toda la sociedad, al estar íntegramente relacionada con la mujer, entra en contradicción con su emancipación y con el propio desarrollo social. Por ello, la disolución de la familia tradicional y del papel que la mujer cumple en su seno aparecen, de nuevo, como una inminente necesidad para acabar con esta contradicción.
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